El cuidado de niñas y niños en las familias es un acto de amor que nos reporta grandes satisfacciones, sin embargo, puede ser al mismo tiempo fuente de frustración, cansancio, estrés, angustia y culpabilidad.

El cuidado es un trabajo

El cuidado es un trabajo destinado a garantizar el bienestar físico y emocional cotidiano de las personas con algún nivel de dependencia.

Tradicionalmente, el cuidado de niñas y niños en las familias es confundido con el amor y la feminidad, siendo reservado esencialmente a las mujeres, lo que acentúa las inequidades de género. Si bien el cuidado reporta a las mujeres satisfacciones, también limita el tiempo para sí mismas, su empoderamiento y autonomía económica.

El cuidado realizado en el ámbito doméstico, la mayoría de las veces no es remunerado, siendo invisibilizado y subestimado. Su distribución entre los adultos que habitan el hogar es inequitativa, no solo por el sesgo de género, sino porque recae principalmente en las familias y no en personas externas que realicen un trabajo de manera remunerada. Pese a la importancia de este trabajo, se ha reforzado su carácter individual y/o familiar, desestimándose que se trata de una responsabilidad social, objeto de políticas sociales y económicas, donde la familia, junto al Estado,  la participación del mercado y la comunidad organizada tienen un rol relevante que cumplir.

El cuidado no es un asunto privado, sino una cuestión social y política

El cuidado de niñas y niños se da en una espacio en el que se articulan roles e instituciones y, por tanto, interpela a individuos (hombres y mujeres), familias, comunidad y Estado. Es aquí donde queremos reiterar, que como cuidadoras/es no debiéramos sentirnos o encontrarnos solos en esta tarea, porque la familia es una parte del denominado “diamante de cuidado” (Razavi, 2007).

Figura 1. Diamante de Cuidado, Razavi; 2007.

Por esto es importante conocer y participar de las instancias para la construcción de las políticas públicas para el cuidado, así como de los diferentes sistemas de cuidado de los que podemos recibir apoyo.

Aquí están, por ejemplo, el Estado a través del Programa  “Chile Cuida: Subsistema Nacional de Apoyos y Cuidados”[1]; las agrupaciones de la comunidad como la Asociación de Cuidadoras no Remuneradas “Yo cuido”[2] y su presidenta Mariela Serey, Convencional Constituyente, quien aboga porque en la nueva Constitución cuidar y ser cuidado se considere un derecho; el mercado mediante servicios salas cuna y jardines infantiles;  y las familias a través de la corresponsabilidad en el ejercicio de los roles familiares. El cuidado no es exclusivo de las mujeres, este debe ser redistribuido en las familias y la sociedad. ONU Mujeres (2018) señala la necesidad de reconocer, redistribuir y reducir el trabajo de cuidado:

  • Reconocer: hacer visible y revalorizar el trabajo de cuidados como un trabajo clave para el bienestar de las sociedades y para el funcionamiento de la economía.
  • Redistribuir: distribuir de manera más justa y equilibrada el trabajo de cuidados no remunerado y las responsabilidades domésticas entre mujeres y hombres, así como el ejercicio de la paternidad responsable.
  • Reducir: ampliar la cobertura a las necesidades básicas del cuidado, reduciendo la responsabilidad desde los hogares.

Las cifras aportadas por la Primera Encuesta sobre Cuidadores Informales (2018) realizada por la Fundación Mamá Terapeuta y la Asociación Yo Cuido, avalan la necesidad de reconocer, redistribuir y reducir el trabajo de cuidado. De acuerdo a este estudio, un 97,7% de los cuidadores informales en Chile son mujeres, un 81,7% dedica todo su día a cuidar, un 91,6% no cuenta con apoyo profesional, un 77,8% dejó de trabajar cuando se transformó en cuidadora, el 38,5% no tiene tiempo de ocio y un 68% presenta un nivel de sobrecarga intenso según la Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit.

Muchas veces, nos olvidamos de quien cuida y de lo que involucra la tarea de cuidar y más en el entorno familiar. Al respecto podemos decir que: El cuidado es el resultado de muchos actos pequeños y sutiles, conscientes o inconscientes que no se pueden considerar que sean completamente naturales o sin esfuerzo. Así, nosotras ponemos, en el cuidado, mucho más que naturaleza: ponemos sentimientos, acciones, conocimiento y tiempo” (Arlie Russell Hochschild, 1990).

El cuidado expone a las y los cuidadoras/es a la sobrecarga emocional y física la que, junto a las restricciones sociales y demandas económicas que conlleva el trabajo de cuidado, se convierte en fuente de frustración, cansancio, estrés, angustia y culpabilidad.

Durante este tiempo de COVID-19, quienes cuidan niñas/os han visto incrementarse esta sobrecarga, pues muchas organizaciones que tradicionalmente participan en el cuidado de la infancia, como salas cuna, jardines infantiles, escuelas, centros de salud, han traspasado parte importante de sus funciones a las familias, haciéndoles múltiples demandas, como si todas contaran con los recursos adecuados para responder a ellas. Entonces, ¿Cómo podemos cuidarnos ante la sobre exigencia que genera la sobrecarga emocional y física del cuidado?

Nuestro cuidado

Para cuidarnos como cuidadoras y cuidadores, estos tips te pueden ayudar:

  • Reconocer sin culpa que el cuidado de niñas y niños es gratificante, pero también puede resultar  estresante, limitando nuestra autonomía y oportunidades de desarrollo.
  • Redistribuir, cuando sea posible,  las responsabilidades de cuidado dentro del hogar.
  • Reconocer que el cuidado es una responsabilidad social y que como tal no solo me compete exclusivamente a mi. Yo participo en una cadena de cuidado con los recursos que tengo  y me esfuerzo por hacerlo lo mejor que puedo.
  •  Aceptar la ayuda de amigos
  • Procurar tiempos de descanso
  • Intentar siempre tener un espacio para compartir con la pareja.
  • Hacer un esfuerzo por no perder la vida social, mantener el vínculo con familiares y amigas/os es importante para nuestro apoyo emocional y tener ratos de ocio. Por ejemplo, reserva tiempo para, al menos  una vez por semana, encontrarte virtual o presencialmente con alguien.
  • Involucrarse en redes de apoyo que te permitan acceder a programas sociales y a recursos que ofrece la comunidad, por ejemplo grupos de cuidadoras/es, de modo que puedas compartir experiencias y adquirir conocimientos.
  • Establecer objetivos personales de salud,  por ejemplo, objetivos para lograr una rutina de sueño adecuada, alimentarse en forma saludable y hacer ejercicios.
  • Buscar ayuda profesional cuando se estime necesario

Bibliografía:

  • Fundación Mamá – Terapeuta Asociación Yo Cuido (2018).  Informe Primera Encuesta sobre Cuidadores Informales. Recuperado de https://www.camara.cl/verDoc.aspx?prmID=161490&prmTIPO=DOCUMENTOCOMISION
  • ONU MUJERES (2018). Reconocer, redistribuir y reducir el trabajo de cuidados. Prácticas inspiradoras en América Latina y el Caribe. Recuperado de https://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20americas/documentos/publicaciones/2018/11/estudio%20cuidados/2a%20unw%20estudio%20cuidados-compressed.pdf?la=es&vs=4608
  • Razavi, S. (2007). “The political and social economy of care in the development context. Conceptual issue, research questions and policy options”. Gender and Development, paper N° 3, Ginebra: UNRISD. Recuperado de:   https://www.unrisd.org/80256B3C005BCCF9/(httpAuxPages)/2DBE6A93350A7783C12573240036D5A0/$file/Razavi-paper.pdf

[1]Chile Cuida: Subsistema Nacional de Apoyos y Cuidados https://www.chilecuida.gob.cl/

[2] Yo cuido https://www.instagram.com/yo_cuido/?hl=es

Autoras: Ts. Fabiola Cortez-Monroy y Ps. Mónica Molina G.

Este artículo es parte de un proyecto generado por el grupo de estudio e intervención telesalud UC:

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